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Galilea: el bosque de niebla que vio nacer luchas agrarias en Colombia

  • Desde los hijos de un presidente de la República hasta los intereses de una petrolera y de varias multinacionales hacen parte de la historia de violencia y conflicto por el control y la propiedad de la tierra y de los bienes naturales en el bosque de Galilea.

  • Entre Cundinamarca y Tolima, por el Sumapaz, en el municipio de Villarrica (Tolima), la población campesina de la ecorregión de Galilea ha resistido a la guerra, la violencia y el conflicto armado, protegiendo y construyendo memoria contra el olvido en el Centro de Memoria y Acción Integral para el Cuidado del Bosque de Galilea y el Territorio (CMAI).

 

En el corazón del oriente del Tolima, allí donde el verde y la densa niebla parecen ocultar los secretos de un siglo de guerra, se levanta el bosque de Galilea, uno de los bosques húmedos tropicales más representativos de la cordillera Oriental y el único fragmento de bosque húmedo montano, que comprende cerca de 33 000 hectáreas, y conecta páramos y selvas andino-amazónicas. 

Galilea es un testigo mudo del proceso de huida, refugio y colonización campesina, del despojo latifundista y de una resistencia que, setenta años después, persiste para narrar y resignificar su historia y papel esencial en la defensa y protección de la tierra y el territorio.

Hoy, la gente se agrupa en torno a una pequeña escuela veredal recuperada en el corazón de la montaña. Por más de treinta años, esta edificación fue el epicentro de la vida comunitaria; sin embargo, tras el desplazamiento de la población, en 2018 recuperó su propósito colectivo y se convirtió en el Centro de Memoria y Acción Integral para el Cuidado del Bosque de Galilea y el Territorio (CMAI), que hoy funciona como un lugar para habitar la memoria viva del campesinado del suroriente del Tolima.

Es así como Leidy Arévalo Villamor, integrante de la Red de Vigías y Defensores del Bosque de Galilea, nos guía a través de un relato que cruza el acuerdo de paz, la intervención petrolera, la declaración de un área protegida, el negocio de los bonos de carbono y la dignificación del campesinado.
 

El despertar tras la paz: del conflicto a los extractivismos


Para entender Galilea hoy, debemos mirar hacia atrás. ¿Cómo se transforma el territorio tras la firma del acuerdo de paz en 2016?

Leidy Arévalo: Entre los años setenta y noventa se habían hecho exploraciones de hidrocarburos. Para la época del acuerdo, la mayoría de familias de la vereda se habían desplazado forzosamente por la violencia. Galilea está conectado al páramo de Sumapaz, al Huila y Meta, lo que lo convierte en un lugar estratégico, por lo que ha sido siempre un escenario de disputa entre los grupos armados; las FARC tuvieron dominio en todo el territorio.

En los años anteriores al acuerdo, el Ejército tuvo confrontaciones y una arremetida muy fuerte en la zona. Tras la firma del acuerdo, entre Villarrica y Dolores empezó a crecer la zozobra por la llegada de la petrolera. En 2017, el Estado instaló un batallón de alta montaña y un helipuerto, que generó las condiciones para que el equipo de Petrobras retomara las exploraciones.

Ante esa incursión petrolera, ¿cómo reaccionó la comunidad que apenas intentaba sanar las heridas del conflicto?

Leidy Arévalo: Las comunidades, desde Villarrica hasta Dolores, desde la cordillera hasta Prado, se organizaron y se levantaron en rechazo a la explotación del bosque. En medio de ello, la solidaridad de distintas organizaciones impulsó la visibilización y el debate sobre el contexto de conflicto socioambiental que atravesaba el oriente del Tolima.

Entre 2017 y 2018 realizamos tres encuentros que dieron origen a la Red de Vigías y Defensores del Bosque de Galilea. Llegamos a reunirnos entre 120 y 300 personas de los cinco municipios que hacen parte del bosque, para vigilar, denunciar y organizarnos frente a la intervención en el pozo Himalaya. En esa escuelita de madera desgastada por el tiempo, hicimos otros encuentros de dos y tres días para dialogar y orientar la toma de acciones que blindaran el territorio de los intereses extractivos y minero-energéticos.
 

El centro de memoria: una escuela contra el olvido

En medio de la selva, sobre las mesas de Galilea, a las que solo se llega a caballo o a pie, la Escuela Veredal Mixta de Galilea permaneció en silencio durante dos décadas. Sus paredes, que alguna vez escucharon risas infantiles y acogieron bazares y celebraciones, fueron testigos del «vaciamiento» de la vereda por la confrontación armada entre 1987 y 2010.

¿Cómo decidieron transformar una escuela abandonada en el actual Centro de Memoria y Acción Integral para el Cuidado del Bosque de Galilea y el Territorio (CMAI) de Galilea?

Leidy Arévalo: Durante los encuentros de 2017, se resaltó la importancia y la necesidad de recuperar la escuela, por su significado, por la posibilidad de encontrarnos y de vigilar las acciones de la petrolera en el territorio.

Por iniciativa de una profesora de la Universidad Javeriana, nos presentamos en una convocatoria en la que conseguimos 20 millones de pesos. Parecía poco dinero para los materiales, la mano de obra y la logística para las mingas de trabajo —debíamos recorrer cuatro horas de camino para llegar a la escuela—, pero con la contribución de la comunidad, de la Red de Vigías y de otros voluntarios fue posible que el 30 de julio de 2022 se inaugurara el CMAI, en medio de un homenaje a la memoria ambiental y viva, al campesinado que ha protegido este bosque, y con un ejercicio sobre la memoria de la guerra de Villarrica y sus secuelas 60 años después.

Hemos proyectado de manera muy integral al CMAI Galilea. Por una parte, como el lugar de memoria de la colonización de campesinos y campesinas sobrevivientes de una guerra y exterminio declarados por el Estado y el gobierno de Rojas Pinilla contra la Colonia Agrícola del Sumapaz, familias que terminaron refugiándose en Galilea.

Por otra parte, como escuela itinerante, estamos construyendo la memoria viva de la ecorregión. A través de la formación ambiental, la comunicación, la promoción de la participación, la integración de las infancias y las juventudes, los comunales, las víctimas y los firmantes de paz, continuamos apostando por la defensa del territorio en su vocación agrícola, y por la permanencia y la dignidad de las comunidades.

El mapa del despojo: de los hijos de presidentes a los bonos de carbono

El ejercicio de veeduría e investigación comunitaria reveló una realidad sorprendente: mientras los campesinos habitaban y cuidaban el bosque sin títulos, a la tierra le aparecieron dueños en papel, que nunca habían pisado el barro de Galilea.

Hablas de un descubrimiento en 2016 sobre la propiedad de estas tierras que parece sacado de una novela histórica.

Leidy Arévalo: Con el acuerdo de paz, muchas cosas empezaron a salir a la luz. Con la presencia de Cortolima y la Universidad del Tolima, varios políticos estuvieron a favor de proteger Galilea, pues se habían encontrado las piezas de lo que se puede caracterizar como un despojo.

Todo indica que los hijos del expresidente Laureano Gómez, tras el bombardeo a la Colonia Agrícola del Sumapaz (ubicada en Villarrica, en los límites de Galilea), terminaron con una escritura de 16 700 hectáreas del bosque, con la que crearon la Sociedad Agrícola de Río Negro, que materialmente nunca existió en el territorio, jamás estuvo presente. Lo que hubo realmente fue una ocupación campesina de buena fe, que el Incora reconoció después parcialmente; los campesinos, en su mayoría, no lograron formalizar la tierra.

Los hermanos Gómez, supuestos dueños, continuaron especulando con estas tierras hasta que en los años 2000 las subdividieron en 219 lotes y empezaron a hacer negocio con la venta y el sobreavalúo, con todo tipo de empresas en el país.

Ahora se está hablando de los bonos de carbono y la gente del bosque no está contenta con ellos, ¿por qué?

Leidy Arévalo: Allí existe un proyecto de créditos de carbono desde 2018 en el área protegida del Parque Natural Regional. Sin embargo, eso solo representa la mercantilización de la naturaleza y el lavado verde: se cobra dinero año a año por la conservación pasiva que han hecho las mismas comunidades, pero no ha llegado un solo peso al territorio ni se ha invertido en las comunidades.

Se habla de la gobernanza, la participación, la transparencia, las salvaguardas internacionales, la distribución justa de los beneficios generados por la compra y venta a pequeños y grandes contaminadores en todo el mundo. Sin embargo, eso no ha sucedido; incluso la Universidad del Tolima, que resultó involucrada como socia y facilitadora del proyecto REDD+ en Galilea, aún no tiene conocimiento del destino de los dineros obtenidos por la venta de créditos en sus predios.

La esperanza en la zona de reserva campesina


En 2019, el bosque fue declarado Parque Natural Regional, el noveno más grande del país. Por un lado, esto implicó la salida de Petrobras y del batallón de alta montaña, además de blindar al territorio de una futura explotación de hidrocarburos, así como de la propiedad privada por parte de empresas y de fundaciones ajenas al territorio. Sin embargo, los campesinos poseedores de buena fe siguen sin una opción clara y digna sobre sus predios, y la vocación del suelo agrícola se limitó a la conservación, restauración y preservación.

¿Cuál es el horizonte para las familias de Galilea y que habitan sus inmediaciones?

Leidy Arévalo: Desde hace dos años, se ha retomado una esperanza: hemos trabajado por la consolidación de las zonas de reserva campesina en los límites del Bosque de Galilea. Desde la zona alta de Villarrica, pasando por Cunday, hasta la parte alta del municipio de Purificación, en un conjunto de 27 veredas, se proyecta la ZRC La Guardiana de Galilea.

Como habitantes del territorio y como campesinos, vemos en la ZRC un escenario que recoge y reconoce esa lucha histórica por la tierra, en Tolima y Colombia, de campesinos y campesinas que hoy más que nunca tienen un papel fundamental en el cuidado de todas las formas de vida, de la tierra, de la soberanía alimentaria y en brindar un futuro con dignidad para las nuevas generaciones. Creemos que a través de la ZRC, poco a poco, se pueden empezar a restablecer, de diversas maneras y con el Estado, los derechos que fueron vulnerados y violentados en nuestra región.

Finalmente, ¿qué significa hoy entrar al centro de memoria en Galilea?

Leidy Arévalo: Significa habitar el territorio. Reconocer la historia de este monte y esta selva. Reconocer sus saberes, su bondad, esta gran biodiversidad que nos privilegia, sus voces, sus rostros, sus gentes y sus memorias. 

El CMAI Galilea, a través de su primera exposición fotográfica «Bosque de Galilea: memoria, conflicto y re-existencias», se ha propuesto darle rostro a quienes lo habitan y lo cuidan frente a quienes lo usurpan y lo explotan. Galilea, como una de las primeras veredas fundadas en el municipio, sigue siendo un tejido social de resistencia y el CMAI es un testigo que habla sobre ello.